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Culla

Culla

Las primeras noticias que se tienen de esta rogativa son anteriores al año 1.400. En la actualidad, la rogativa de Culla comienza el viernes antes el Corpus Christi. Es un trayecto de ida y vuelta que dura dos días y que recorre los 27 kilómetros que separan la población hasta Sant Joan de Penyagolosa pidiendo salud, agua y buenas cosechas.

El trayecto atraviesa el riu Montlleó, de gran belleza paisajística. Las personas que participan se detienen en algunos lugares de interés como la ermita de Sant Bertomeu de Boi el siglo XIV, el pla de Vistabella, la font de l’Alforí o el pinar de l’Espino antes de llegar a la ermita. Cabe destacar la arquitectura popular que acompaña todo el itinerario. Ejemplos de esta pueden ser el mas Nou o el mas de l’Alar.



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Botánica

Culla se sitúa alrededor de cultivos de secano, principalmente almendros (Prunus dulcis), algunos pastos y campos de labranza donde se plantan cereales. A continuación, deja paso a la interacción entre ecosistemas forestales y agrícolas. Se pueden observar antiguos cultivos donde van apareciendo pimpollos de pináceas y, posteriormente, junto a las pináceas, bosquetes de juníperos. Las masías que se encuentran cercanas a los caminos suelen tener antiguos cultivos y restos de olmos (Ulmus minor) u otras especies de árboles. Alrededor de los ríos o riachuelos se puede encontrar una vegetación típica de ribera (Populus). La aparición de quercíneas y pináceas es un indicativo en el camino de la cercanía al Parque Natural de Penyagolosa. Cabe destacar que junto al Ermitorio de Sant Joan prevalecen las pináceas. Culla desde el punto de vista bioclimático está situada en el piso mesomediterráneo que se caracteriza por especies como Pinus halepensis, Genista valentina, Lonicera implexa, Quercus coccifera, Smilax aspera, Thymus piperella, Ulex parviflorus, Viburnum tinus, Cytisus patens, Daphne gnidium, Erica multiflora, Fraxinus ornus, Clematis flammula. El Pla de Vistabella es la gran extensión donde se cultivan patatas y quercíneas con Tuber Melanosporum. El itinerario transcurre hacia Sant Joan y la abrupta orografía hace que se vaya subiendo sobre el piso mesomediterráneo y posteriormente el piso supramediterráneo, donde se encuentra el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa.

Geología

La población de Culla se asienta sobre los materiales del periodo cretácico representados por areniscas y margas. Posteriormente, el camino a Sant Joan de Penyagolosa corresponde a un Cretácico, aunque se percibe influencias del Jurásico. La litología corresponde a micritas y margas y en algunas zonas esparitas. A lo largo del camino la litología va variando en función de la orografía y la época cretácica y, finalmente, se pueden percibir calizas y dolomías hasta llegar al Cuaternario del Pla de Vistabella. Las arcillas del Cuaternario llevan el camino hacia las montañas previas a Sant Joan de Penyagolosa, donde principalmente las calizas y margas acompañan el camino junto a arenas y arcillas. Sant Joan de Penyagolosa se asienta sobre materiales del periodo Cretácico, coincidiendo también este periodo en la zona por la que discurre el itinerario del camino. Aunque los materiales observados pertenecen al mismo periodo, presentan mucha diversidad. En los diferentes recorridos realizados se han reconocido: calizas, calizas ferruginosas, margocalizas y calizas arenosas, dolomías, areniscas, margas, arenas y arcillas.

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Fauna

La fauna que puebla el término de Culla, y por consiguiente el camino a Sant Joan, se basa en aves rapaces, buitres, jabalí, cabra montés, pequeños roedores, etc. A lo largo de los caminos, cuyo inicio parte o pasa próximo a núcleos urbanos, se observa la presencia de cultivos de secano, algunos de ellos aterrazados y otros, como el Pla de Vistabella, con grandes extensiones de cultivos extensivos, donde se combina el cereal, el cultivo de patata y el cultivo de trufa, con mosaicos de bosquetes y linderos. De una forma menos representativa también se cultivan viñas.

En el Pla es fácil encontrar el alcaraván, especie que únicamente se puede observar en dos caminos, este y el de Xodos. Además, en estos caminos se observan bosquetes de enebros y sabinas en zonas pedregosas, prados y herbazales de ambientes frescos, hábitats donde se pueden observar chovas petirrojas durante el invierno sin necesidad de ascender a la cumbre de Penyagolosa. En el pico se puede observar acentor alpino durante el invierno. A su vez, se distribuyen formaciones de pino densas, así como bosquetes menos densos. En su último tramo, como en el resto de caminos, se distribuyen formaciones densas de pino laricio así como bosquetes menos densos.

Patrimonio material

Se pueden destacar los conjuntos paisajísticos que forman el Mas de l’Alar y sus abancalamientos, en los primeros kilómetros de itinerario, junto al río Montlleó. También la llegada a Sant Bertomeu del Boi y sus masías aledañas, Mas de Campos, de Capote y de la Coixa. Así como el conjunto de Les Lloses, con vistas al Pla de Vistabella. Las norias, en el mismo Pla, pozos y fuentes que determinan una configuración hídrica particular hasta llegar a los aledaños del Espino, donde adentrándose en el bosque se llega al ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa.

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Patrimonio inmaterial

Cada viernes y sábado de la semana del Corpus Christi, Culla cumple con la tradición de sus ancestros. Los vecinos de esta población del Alt Maestrat recorren en pie el camino que los separa de Sant Joan de Penyagolosa, para regresar al día siguiente utilizando el mismo camino.

Los documentos más antiguos que se conservan sobre esta rogativa participativa fechan del año 1404, por lo que es considerada una de las más antiguas de la provincia de Castelló. Ha conservado sus rituales 'intactos' gracias al fervor popular. Eso, junto al alto valor etnológico, histórico y cultural que posee, fue determinante para que el Ple del Consell aprobara en su declaración como Bien de Interés Cultural Inmaterial, junto a los peregrinos de Les Useres.

El objetivo de este tipo de rogativas de origen medieval siempre fue el de implorar lluvias que proporcionaran buenas cosechas, así como salud y paz, tal como se menciona en el canto tradicional del O vere Deus con su petición de salutem, pacem te pluviam de coelis.

Al día siguiente, sábado, los peregrinos reanudarán el camino del día anterior. Con la caída del sol llegarán al pueblo, donde la procesión de los Pendons, estandartes medievales de considerable altura, y multitud de personas les darán una cálida bienvenida en el núcleo histórico de la población acompañándolos hasta la iglesia, donde se cantarán los gozos a Sant Joan.

Pavimentos

En la actualidad quedan tramos empedrados en prácticamente todos los itinerarios a Sant Joan de Penyagolosa. Aunque de distintas dimensiones, de diferentes tipos de piedra y en un estado de conservación variable, cabe destacar la importancia de la conservación de estos tramos.

Los itinerarios culturales valencianos son patrimonio material que debe conocerse, preservar y transmitir. Los caminos valencianos vernáculos no se pueden fechar con certeza, pero entre las variantes encontramos caminos reales, caminos de carro, caminos de herradura, senderos y un largo etcétera. El uso de los caminos perdió su vocación cuando, a mitad del siglo XX, el éxodo rural acabó prácticamente con el sistema de vida masovero arraigado secularmente en la zona de Penyagolosa. En otra época la voluntad era facilitar los accesos a cada lugar del territorio, por lo que era necesario asegurar la durabilidad de los caminos, por esta razón, en algunos casos, se procedió a su empedrado.

Los caminos se empedraban en lugares donde se corría el riesgo de que el firme se deslizase: terrenos muy húmedos y con presencia importante de barro, para reducir la erosión producida por los torrentes de agua, donde el tránsito de animales es intenso, como en los tramos más próximos a los pueblos, y para crear una pendiente constante en los tramos más empinados y facilitar de este modo la subida y bajada de los animales cargados.

El empedrado consiste en el pavimentado del firme de un camino con piedras trabadas unas con otras. Las piedras que conforman el empedrado no están unidas con ningún material ni argamasa, sino que mantienen su posición por el contacto entre ellas. Los espacios donde no hay contacto se rellenan con piedra más pequeña y tierra de la zona para acabar de trabar su movimiento.

Los tramos empedrados forman parte de un patrimonio muy vulnerable que sin mantenimiento corre el riesgo de desaparecer en un período corto de tiempo. Por tanto, hay que pedir la concienciación de todos los usuarios de los caminos en su preservación. Igualmente, se debe evitar llevar a cabo usos agresivos de las zonas pavimentadas.

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