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Castillo de Villamalefa

Castillo de Villamalefa

Ludiente peregrinaba a Sant Joan de común acuerdo con el Castillo de Villamalefa en una fecha variable de primavera. Esta peregrinación desapareció en 1.913. Se conoce el camino gracias a antiguas planimetrías y documentos referencia como el «Libro mayor de Rentas de la iglesia y clero de Ludiente», de 1.798. En el itinerario, de unos 25 kilómetros, se encuentran reminiscencias de lo que fue esta tierra el siglo pasado. La masía de la Granella, el mas Quemado, el mas de Agustina, todos evocan el trabajo de los pobladores de estas villas. Las actividades eran variadas: como la ganadería, el cultivo del cereal o la vid. Desde el mas de Campo, a mitad camino, Penyagolosa siempre guía a la persona que camina, que ya no lo perderá de vista prácticamente en todo el itinerario.



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Botánica

Castillo de Villamalefa se sitúa alrededor de cultivos de secano y a pocos metros aparece la interacción entre ecosistemas forestales y agrícolas. Se pueden observar ecosistemas forestales de quercíneas y juniperus y tramos de sotobosque, así como canchales. Las masías que se encuentran cercanas a los caminos suelen tener antiguos cultivos y restos de olmos (Ulmus minor) u otras especies de árboles. Alrededor de los ríos o riachuelos se puede encontrar una vegetación típica de ribera (Populus). La aparición de quercíneas y pináceas es un indicativo en el camino de la cercanía al Parque Natural de Penyagolosa. Cabe destacar que junto al ermitorio de Sant Joan prevalecen las pináceas. Castillo de Villamalefa, desde el punto de vista bioclimático, está situado en el piso termomediterráneo, que se caracteriza por especies como Pinus halepensis, Genista valentina, Lonicera implexa, Quercus coccifera, Smilax aspera, Thymus piperella, Ulex parviflorus, Viburnum tinus, Cytisus patens, Daphne gnidium, Erica multiflora, Fraxinus ornus y Clematis flammula. El itinerario transcurre hacia Sant Joan y la abrupta orografía hace que se vaya subiendo hacia el piso mesomediterráneo y, posteriormente, al piso supramediterráneo, donde se encuentra el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa.

Geología

La población de Castillo de Villamalefa geológicamente se asienta en el periodo cretácico, sobre calizas y margas, y en las zonas más bajas de la población se perciben areniscas, arcillas y limos. Posteriormente, el camino a Sant Joan de Penyagolosa corresponde a un Cretácico, aunque se percibe inclusiones en el Jurásico. La litología corresponde calizas y dolomías, y posteriormente areniscas y margas. A lo largo del camino la litología va variando en función de la orografía y la época cretácica y, finalmente, se pueden percibir calizas, calizas ferruginosas y margas, así como areniscas, arenas y arcillas en zonas de cotas inferiores. El camino trascurre por Cretácico prácticamente hasta Sant Joan, aunque se percibe en montañas cercanas el Triásico con materiales arcillosos, dolomías y yesos. Las calizas predominan hacia Sant Joan de Penyagolosa, que se asienta sobre materiales del periodo cretácico, coincidiendo también este periodo en la zona por la que discurre el itinerario del camino. Aunque los materiales observados pertenecen al mismo periodo, presentan mucha diversidad. En los diferentes recorridos realizados se han reconocido: calizas, calizas ferruginosas, margocalizas y calizas arenosas, dolomías, areniscas, margas, arenas y arcillas.

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Fauna

A lo largo del camino de Ludiente y la bifurcación de Castillo de Villamalefa encontramos gran variedad de ambientes, donde destacan los bosques maduros, bosques y bosquetes de enebros y carrascas en canchales y pedregales, paredes, cortados y roquedos verticales sin vegetación, matorrales bajos y brezales, además de planicies con herbazales y cultivo de cereal. Dicha variedad de ambientes se traduce en una amplia variedad de aves. De entre ellas, cabe destacar las tres especies de collalba, negra, gris y rubia, que se pueden detectar en el área de estudio. También podemos encontrar al trepador azul en arboledas maduras, o al aguilucho pálido en medios abiertos durante el invierno.

Entre los mamíferos cabe destacar el visón americano, el turón común, el tejón común, la comadreja, la gineta, la garduña, el gato montés o el zorro común. También existe una considerable población de cabra montés. Entre los anfibios son frecuentes el sapo corredor y el sapo partero, y entre los reptiles, la culebra lisa europea y la víbora.

Patrimonio material

El camino parte por el Mas del Negre y el Mas de L’Obera hasta llegar al Mas Quemado, masía abandonada pero que conserva su esencia pasada de lugar importante. Conserva también un cubo de vino que sirvió para prensar uva en otro tiempo. El camino sigue hasta el Mas de Campo y el Mas d’Agustina, de imponentes vistas a Penyagolosa. De ahí el itinerario sube hasta el Mas de Collado, lindante con el Parc Natural de Penyagolosa, donde ya baja pasando por varias fuentes y construcciones destinadas a la conservación de la nieve, hasta el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa.

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Patrimonio inmaterial

A diferencia de los otros pueblos en los que parecía ser anual por voto, en Ludiente se votaba cada vez, y la llevaban a cabo con los habitantes del Castillo de Villamalefa, generalmente en primavera.  Sin embargo, solían celebrarse rogativas previas de procesión claustral para pedir las lluvias que trajesen paz y cultivos. Si llovía, la petición y el voto se daban por cumplidos. En caso contrario, se votaba ir a Sant Joan de Penyagolosa, lo que tenía lugar unas tres semanas más tarde, tiempo suficiente para pedir licencia a la autoridad eclesiástica, y comunicar la decisión al cura de Castillo de Villamalefa y al de Vistabella. Si la votación era afirmativa y llovía los días inmediatos, se iba a dar gracias, como ocurrió en alguna ocasión después de una lluvia copiosa. Peregrinaba uno de cada casa, el cabeza como norma, o uno de los hijos mayores. Debían ser doce y vestían sayal de peregrino. De acompañamiento podían ir cuantos quisieran, tanto hombres como mujeres.

Pavimentos

En la actualidad quedan tramos empedrados en prácticamente todos los itinerarios a Sant Joan de Penyagolosa. Aunque de distintas dimensiones, de diferentes tipos de piedra y en un estado de conservación variable, cabe destacar la importancia de la conservación de estos tramos.

Los itinerarios culturales valencianos son patrimonio material que debe conocerse, preservar y transmitir. Los caminos valencianos vernáculos no se pueden fechar con certeza, pero entre las variantes encontramos caminos reales, caminos de carro, caminos de herradura, senderos y un largo etcétera. El uso de los caminos perdió su vocación cuando, a mitad del siglo XX, el éxodo rural acabó prácticamente con el sistema de vida masovero arraigado secularmente en la zona de Penyagolosa. En otra época la voluntad era facilitar los accesos a cada lugar del territorio, por lo que era necesario asegurar la durabilidad de los caminos, por esta razón, en algunos casos, se procedió a su empedrado.

Los caminos se empedraban en lugares donde se corría el riesgo de que el firme se deslizase: terrenos muy húmedos y con presencia importante de barro, para reducir la erosión producida por los torrentes de agua, donde el tránsito de animales es intenso, como en los tramos más próximos a los pueblos, y para crear una pendiente constante en los tramos más empinados y facilitar de este modo la subida y bajada de los animales cargados.

El empedrado consiste en el pavimentado del firme de un camino con piedras trabadas unas con otras. Las piedras que conforman el empedrado no están unidas con ningún material ni argamasa, sino que mantienen su posición por el contacto entre ellas. Los espacios donde no hay contacto se rellenan con piedra más pequeña y tierra de la zona para acabar de trabar su movimiento.

Los tramos empedrados forman parte de un patrimonio muy vulnerable que sin mantenimiento corre el riesgo de desaparecer en un período corto de tiempo. Por tanto, hay que pedir la concienciación de todos los usuarios de los caminos en su preservación. Igualmente, se debe evitar llevar a cabo usos agresivos de las zonas pavimentadas.

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